Mi caos ordenado

Mi caos ordenado
oct 23



Desde el patio del colegio.



  
Me es complicado escribir sobre el tema de Cataluña sin sentir algo. Creo que cualquier ser humano, interesado por lo que pasa en el mundo, estaría en una posición similar.

Tampoco puedo negar que haya más temas que me inquieten y me preocupen, pero éste, el de Cataluña, me pega muy cerca por mi relación afectiva con esa región y porque mi marido, al que amo profundamente, vio la primera luz en esos lares.

Desde hace más o menos nueve años he escuchado y leído sobre el conflicto entre Cataluña  y el gobierno español, más allá de lo comentado en medios mexicanos, muy de pasada. Sin embargo, ha sido a lo largo de los últimos 24 meses, más o menos, que me he metido de lleno en el tema y puedo decir que me encuentro profundamente consternada, indignada y preocupada.

Sé que mi costumbre ha sido escribir artículos de investigación, citando cifras y fuentes oficiales para sustentar los argumentos presentados, pero en esta ocasión, con discursos tan contrarios de unos y otros, junto con la indiferencia o ignorancia voluntaria de algunos más, mis argumentos se reducen a lo que creo, veo y escucho. Mis fuentes no son “oficiales” (y para como van las cosas, creo que eso es de agradecer), pero no por ello dignas de desconfianza.

He conversado con amigos y seres queridos que han sido independentistas desde hace muchos años. Los he oído manifestar su contrariedad al ser desdeñados o menospreciados por hablar catalán y porque en sus escuelas se impartan clases en esa lengua y no sean 100% en castellano o su disgusto por la forma en la que se gestionan sus recursos, se ataca su cultura o se hacen distingos en materia judicial, educativa o social..

También comprendí el sentimiento de quienes consideraban la independencia como una acción exagerada que se puede solucionar, como dice el dicho, “con el tiempo y un ganchito”.

Los catalanes son seres orgullosos, sí y muy orgullosos de su cultura, su pasado y su lengua. Pero también son personas ingeniosas, cultas, trabajadoras y emprendedoras. No suelen ser de los que desisten a la primera…ni a la segunda. Son muy conscientes en cuestiones de política y difíciles de convencer si creen tener la razón de su lado. Aún la población rural se mueve con ideales construidos a través de la historia y no olvidan fácilmente la represión, la violencia o la crueldad, ni se dejan envolver en palabras que se lleva el viento. Aunque algunos habrá ¿para qué negarlo?

Es una región rica y próspera Cataluña. Pero no sólo por los recursos que posee, sino por la gente que trabaja para aprovecharlos.

Sé que los catalanes no buscaban esta situación, sé que la mayoría no quería separarse de España. Pero también sé que la intransigencia pesa, que el autoritarismo arcaico no paga cuando las terquedades chocan; que el intentar negociar con el uso de la violencia como moneda de cambio es peligroso y que más peligroso es convencer a todo un pueblo de que ya no tiene nada más que perder y mucho qué ganar al separarse de la nación, a la que su gente ha pertenecido por siglos y les gritan; ¡que se queden, cojones! con las porras en la mano.

Es curioso ver a un grupo tan grande de personas (aún no parece ser mayoría…aún) tan inconformes que abandonan su zona de confort para moverse y cambar las cosas. Pero tampoco sería de extrañar si constatamos que esa zona de confort se vuelve cada vez más pequeña e inconfortable.

Una aplicación discrecional de la ley, con base en el lugar geográfico al que pertenezca alguno de los involucrados, es hablar de ausencia de justicia. La idea de una repartición equitativa (con lo que esto implica para una supuesta igualdad de condiciones y oportunidades) de los recursos, basándose en la cantidad de población y no en una verdadera estrategia de crecimiento y prosperidad, ya implica un problema y despierta suspicacias. Pero, si le damos una leída a la tan cacareada Constitución española, nos daremos cuenta de qué tan poca luz aporta a la solución de un conflicto como éste.

Confieso que no soy especialista en derecho constitucional, ni mucho menos. Pero pocos textos tan intencionalmente ambiguos y contradictorios he leído, como la Carta Magna ibérica. Términos como “las medidas necesarias”, “cuando se requiera”, carecen de calidad esclarecedora y, más aún, de referencia práctica. Dejan en manos del que es juez y parte (un Senado que hoy cuenta con mayoría del partido en el poder), la resolución del asunto y la aplicación de la ley. Ello implica un conflicto de intereses que se solucionaría con la mediación de algún organismo internacional. Pero el gobierno de Mariano Rajoy se niega rotundamente a ello, por considerar que sería un caso de injerencia extranjera en un asunto interno.

A pesar de todo lo anterior, también soy una respetuosa de la ley (por muy caro que salga) y entiendo que el referéndum del 1 de octubre fue ilegal, que sus resultados están muy lejos de ser confiables y que es muy aventurado poder afirmar, sin lugar a dudas, que la mayoría de la población catalana fue la que determinó la necesidad de separarse de España.

Aun así, también soy una convencida de que no se habría llegado a este punto, si hoy en día dirigiera el destino de los españoles un presidente más sensato, sensible e incluyente; con más vocación de servicio público, que de beneficio personal o de grupo. Tampoco habría escalado la cosa sin un personaje como Carles Puigdemont, quien ha hecho todo lo que ha estado en su mano por convertirse en la cara del independentismo catalán, para después titubear detrás de la puerta en un retorcido juego mental de ajedrez, bastante politizado.

Sé que, desde La Moncloa y desde Bruselas, lo que pasa en Cataluña está a un tris de convertirse en la primera ficha de dominó que precipite la caída de varias más. Pero también estoy segura que la gestión que se está haciendo del conflicto en ambas sedes es vergonzosa y no parece buscar la salud del estado de derecho, ni de la democracia (así, todo en minúsculas).

Me queda la sensación de que la hipocresía nos aplasta, las dobles intenciones sobran y nos enfrentamos a una pelea de colegio desproporcionada, en la que ni uno ni otro se atreve a dar el golpe decisivo y, por supuesto, ya no hay manera de echarse atrás. En tanto, sigue botando de un lado al otro la bolita de las culpas , aumentando los temores de unos y los odios de otros.


El caso es que aquí estamos. Al borde de la aplicación del ambiguo artículo 155 (cuyo contenido cito textualmente al final de este ensayo), por primera vez en la historia de la democracia española. Un artículo que habla de la re ubicación de poderes hacia el gobierno de Madrid, desde una comunidad AUTÓNOMA, para no ceder a un supuesto chantaje político de un grupo separatista, que ya muchos califican como “terroristas”. Un artículo que sirve de parapeto para asfixiar un clamor que debería ser escuchado y, al menos, discutido con base en lo que dice y no dice la Constitución.

Y a mí me sigue pareciendo inconcebible que, ante la marcada inconformidad de una buena parte de la población de una región del país, que se supone que se quiere unido, la respuesta del Estado español sea, no sólo no escucharla (ya no digamos concertar), sino echar mano de la retórica, la amenaza, la denostación y, finalmente, la represión y la violencia para evitar la libre expresión de la voluntad de un pueblo (¿se acuerdan de los derechos fundamentales inscritos en los numerosos acuerdos internacionales que ha firmado España?) junto con la responsabilidad de gobernar PARA TODOS LOS ESPAÑOLES.

De verdad me parece increíble que, en pleno siglo XXI, la estrategia tomada por Rajoy y aceptada por la comunidad internacional sea de la corriente "zero sum game" (lo tuyo es mío y lo mío es mío").



Artículo 155.
1. Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general.
2. Para la ejecución de las medidas previstas en el apartado anterior, el Gobierno podrá dar instrucciones a todas las autoridades de las Comunidades Autónomas.

Fuentes:
Constitución Española de 1978. Recuperado en octubre de 2017, de Congreso de España: http://www.congreso.es/docu/constituciones/1978/1978.pdf
Constitución Española (1978). Recuperado el octubre de La Moncloa. Gobierno de España  en 2017, de : http://www.lamoncloa.gob.es/documents/constitucion_es1.pdf
Estatuto de Autonomía de Cataluña (2005 a 2010). Recuperado el octubre de 2017, de Parlamento de Cataluña: https://www.parlament.cat/document/cataleg/48146.pdf

BBC noticias, CNN, La Vanguardia, El Mundo, El País, entre otros.

¿La verdad nos hará libres?

may 23


Leí esta mañana una noticia sobre la disculpa que 63 años después la agencia AP (Asociated Press) ofreció al finado periodista que fue despedido cuando, desobedeciendo una instrucción del alto mando aliado, decidió publicar la noticia de la rendición alemana que puso punto final a la Segunda Guerra Mundial.
Edward Kennedy
A pesar de haber presenciado este histórico hecho, Edward Kennedy (si ni el apellido lo salvó ¿qué podíamos esperar los demás?) fue despojado de su cargo como jefe de la agencia en Europa.
Según se cuenta en el artículo, Kennedy debía esperar 36 horas, al igual que los representantes de todos los medios del mundo, para dar a conocer la noticia en un afán por terminar de limar algunas asperezas surgidas con los rusos por las condiciones pactadas para la rendición y claro, la consiguiente repartición de riquezas, indemnizaciones y territorios.
No obstante lo anterior, Kennedy afirmó haber escuchado que la radio alemana daba la primicia a su población, apenas unas horas después sucedido el hecho (la firma se realizó el 7 de mayo de 1945, a las 2:41 de la mañana, en las oficinas del presidente Eisenhower. Las hostilidades no cesaron hasta pasadas las 11 de la noche del día siguiente). En el citado texto se especula que fue una forma de enterar a ciertos personajes de las fuerzas nazis y darles tiempo suficiente para escapar a territorios menos peligrosos y más “hospitalarios”.
Además, las razones de este embargo informativo eran más del orden político que de seguridad, por lo que Edward decide llamar a sus superiores (a los cuales no puede localizar) y posteriormente dictar a un redactor, ubicado en las oficinas centrales de AP, la que sería una de las notas más relevantes de todos los tiempos.
Huelga decir que fue despedido sin contemplaciones por órdenes, dicen, del mismo general Eisenhower, quien rompió en pequeños pedazos la credencial que acreditaba a Edward como periodista y prohibió que fuera recontratado por cualquier medio de comunicación relevante de la época.
Este hombre nunca pudo volver a ver su nombre impreso como autor de notas, crónicas o columnas de periódico importante alguno. Sobrevivió haciendo trabajitos en diarios locales de los Estados Unidos hasta su muerte en 1963, a los 58 años de edad.
Todo ello me ha hecho reflexionar sobre lo que nos enseñan a los estudiantes de comunicación y periodismo de todo el planeta y lo que realmente sucede en este mundo de las verdades a medias.
“El valor por excelencia de un periodista debe ser la veracidad”, nos decían en la universidad. Sin embargo, esa sentencia parece cada vez más hipócrita (irónica o cínica en el mejor de los casos) de lo que un estudiante joven e idealista podría interpretar por su falta de contacto con el campo de guerra real que significa ser un cronista ético en estos días.
La verdad es un pasaje a la cárcel, la muerte o la persecución de abogados o personajes aún más oscuros. La denuncia es ya una insensatez antes que un deber moral o ciudadano. La autocensura priva cuando la censura corporativa deja territorio en el cual desenvolverse. Un periodista se convierte en un mercenario.
Pero seamos francos, la verdad siempre incomodará a los poderosos. Es imposible vestirse de poder sin mancharse los pies de lodo y las manos de tinta de billetes (o de sangre). Cuando el periodista admite que esa tinta, y no la que sirve para vertirse en letras, se meta a su torrente sanguíneo, mal vamos.
Ser un periodista ético, honesto y crítico se ha convertido en una actividad de alto riesgo y digo esto sin emplear figuras retóricas; es una realidad. Pero más que una realidad es una vergüenza y una carga que sale muy cara a las sociedades del mundo. La verdad no debería ser letra de cambio sino letra, por sí misma, que ilustre las esencias de estos tiempos para dar paso al análisis, la crítica, las propuestas, los cambios, tiempos mejores. La “verdad” es hoy una carta abierta a los pretextos, las justificaciones, la asignación rotatoria de culpas, las negociaciones "en lo oscurito", las cacerías de brujas, los juicios sumarísimos sin sustento, la lapidación y la pena de muerte.
La libertad de expresión es absoluta en sí misma, o debería serlo; No se puede ser “medio libre”. Este argumento me lleva a decir que ese concepto es una quimera que habita sólo en las mentes llenas de ideales y mundos perfectos.
A pesar de ello, creo en el poder del individuo; la fuerza de uno. Si esa fuerza se suma a la fuerza de otro se logran los cambios, pero para eso hace falta convicción, valor, coraje y mostrarlos.  Puedo sonar pesimista, pero me gusta pensar que tengo una pequeña entusiasta dentro de mí que sobrevive a escondidas ¿Podremos con la verdad? ¿Seremos capaces de preservarla y luchar por ella? Sinceramente, creo que sí. Sólo falta querer hacerlo.

"Nini" a los 37

ago 02

Sí, estoy en una etapa muy complicada anímicamente hablando. Sin trabajo, eso sí, no me arrepiento ni tantito de haberme salido de la antesala del infierno, muy apretada de dinero y con la depresión ansiosa de vuelta. La verdad, a mis 37 años soy una "nini", pero eso no es lo peor, siento que mi trayectoria profesional sirve para maldita la gracia en un país que no genera verdaderas oportunidades para universitarios y en un estado en el que la cabeza está más preocupada por ir dejando el camino listo para que no le hagan rendir cuentas ni pisar "el bote" por todas las tranzas aplicadas y promocionarse lo más posible para saltar a un "mejor hueso". Esa "cabeza" tampoco se preocupa por establecer una verdadera relación entre el talento disponible y la generación de puestos de trabajo, pero esa es una dolencia nacional, si no internacional.


El fenómeno del desempleo se ha generalizado a niveles alarmantes en varias partes de nuestro planeta y la situación económica que prevalece amenaza con recrudecer aún más este mal. Lo que más me frustra es que la carrera que me apasiona, la que escogí para ganarme la vida, es una de las más ingratas. Mientras los médicos, los abogados y demás profesionistas colegiados tienen la garantía de que nadie que no tenga la preparación necesaria les pueda quitar la chamba, los comunicólogos no podemos presumir de lo mismo. Ingenieros, arquitectos, médicos, diseñadores y demás fauna ajena resulta que puede hacer lo que nosotros tardamos 4 o más años en estudiar para realizar con propiedad. ¿Qué hacer entonces? ¿exigir a voz en cuello y organizados que esto no suceda? ¿mostrar el músculo? La cuestión es que la cúpula está ocupada aún por esos improvisados que fueron marcando tendencias con su empirismo y, evidentemente, no pugnarán por hacer un cambio.
Cada vez me convenzo más que generar nuestras propias oportunidades es la respuesta. En el lado brillante de la situación puedo decir que nuestro perfil nos permite hacerlo y la tecnología es la mejor aliada: blogs, podcasts, redes sociales, etc. parecen ser una buena alternativa para expresarnos y, en un golpe de suerte, hacer de ello una forma de vida.
Tal vez sea una neblina mental provocada por la falta del medicamento (entre mis proyectos está embarazarme y no puedo tomar antidepresivos ni ansiolíticos), pero tengo tooodo el tiempo del mundo. Intentaré recuperar a mis musas y escribir de nuevo; tal vez surja esa novela que me prometí hace tiempo que buscaría publicar; retomaré este espacio para nuevamente exorcizar mi alma atribulada; tal vez me aviente a hacer mi propio y anheladísimo programa de radio virtual por podcast. La cosa es recuperarme a mí misma y redescubrir en qué soy realmente buena, porque esto de buscar chamba "de lo que sea" para tener un ingreso es verdaderamente del nabo.

Salud.

Amarillo con tintes rojos

jul 19


El escándalo desatado por las escuchas telefónicas, ejecutadas reiteradamente por detectives privados al servicio de "News of the World", va más allá del escándalo del que este medio solía alimentarse. Es verdaderamente terrorífico darse cuenta hasta qué punto es ya posible perder la intimidad ante la tecnología comprada por el poder del dinero.

¿De verdad podemos pensar que lo que hoy platicamos con nuestros conocidos, amigos y demás seres queridos por el teléfono celular o incluso el fijo, queda entre nosotros? Más allá de la compulsión por crear o dar oídos a las teorías de la conspiración al respecto, hay tres puntos que realmente me preocupan, no sólo como ser humano, sino como profesional de la comunicación:

1) El que el oficio periodístico se haya vuelto tan competitivo y se haya podrido hasta el punto en el que lo ha hecho. Hace algunos años supe del caso de un importante periodista del New York Times que, para ganar espacios en portada y "exclusivas", inventaba un buen número de notas y fuentes sin que, al parecer, ni su editor ni los altos ejecutivos sospecharan que eso sucedía (eso dijeron ellos). Otro caso que llegó a mi conocimiento fue el de otra "colega", creo que del Post ahora, que se dedicaba a plagiar notas de diarios locales de algunos estados de la Unión Americana y darles una "revolcadita" para pasarlas como propias ¡vergonzoso!. Al mismo tiempo muy preocupante que a esos niveles se opte de manera recurrente por la trampa, el engaño e incluso la comisión de delitos en pro de ser los primeros, los más populares, los que más venden ¿Y qué pasa con la credibilidad? Que yo sepa, nadie le quitó una sola pluma a los gallitos Post y Times.

2) Que la falta de escrúpulos de los integrantes de estos grandes corporativos no sólo permitan que estos casos se sigan presentando, sino que hasta lo faciliten o incluso lo promuevan. ¿Qué pasa con el verdadero oficio periodístico? ¿se acabaron las notas? ¿se extinguió el olfato del reportero? o es más práctico retorcer y manipular hechos y personas, fabricar la noticia que buscarla, seguirla y mostrarla. Nuevamente los intereses personales y/o económicos llevan la batuta y esto también constituye una tremenda vergüenza para el gremio periodístico mundial. El espiar a una jovencita secuestrada y asesinada; el manipular pruebas que podrían haber guiado a la policía a llevar una investigación fidedigna se me hace digno de piedras; no tiene nada de humano, ni siquiera de animal. Ello va más allá del reproche, cae en la náusea. Igualmente nauseabundo es la evidente vendimia del alma de nuestros medios a los "demonios" políticos y empresariales. La penetración que estos tienen en la opinión pública hace diferencias y vuelvo a preguntarme ¿dónde quedó la ética periodística? Sé que no es como el juramento hipocrático, pero con tristeza veo que se queda en un juramento hipócrita... Y duele.

3) Que el término "privacidad" se haya convertido en un mito, una quimera. Existe una inmensa variedad de artefactos capaces de captar conversaciones, correos electrónicos y demás contenidos que vertimos en el entendido que controlamos quiénes los reciben. Lo peor es que los ciudadanos comunes poco o nada podemos hacer ante este fenómeno, estamos indefensos ante autoridades megalómanas y opacas que, o nos ocultan estas prácticas, les quitan importancia o las disfrazan de "protección" (claro, cuando ellos las ejercen), pero también ante cualquier metiche que tenga la plata suficiente para hacerse de los mencionados "gadgets". Asimismo las autoridades, tanto corporativas como del Estado en Gran Bretaña, Estados Unidos y México no sólo se hacen de la "vista gorda", sino que tienen una importante participación en estos cochineros, de manera que un despido o un metafórico golpecito en el dorso de la mano del "perpetrador"les resultan medidas suficientes para zanjar tamaño agravio y abuso de confianza ¡escandaloso y nuevamente, vergonzoso!

Evidentemente los Murdoch no se sienten ni un poco responsables por lo que pasó. Yo no tengo nada que ver con News of the World, ni con el Times, ni el Post, pero me muero de pena ajena y estoy tremendamente decepcionada de mi carrera. Yo no estudié para esto y, amén de que no hay mucho respeto para esta labor (cualquiera lo hace, sin importar la formación académica que tenga y los puestos de trabajo no suelen otorgarse con base en este factor), cuando veo esta realidad me pregunto ¿qué nos espera a los comunicólogos actuales y futuros? Entrarle al toro o morirnos de pena por lo visto.

En la oscuridad

feb 17


 





                                                     Lilith:

Después de muchos años de quererlo y a veces ocultarlo, o simular que no importaba no tenerlo, por fin mi esposo y yo logramos concebir.
Algunas veces antes "presentí" que estaba embarazada para que un pedazo de plástico terminara con esa clase de certeza que las mujeres llamamos "sexto sentido" y que confundimos con la fuerza de nuestras propias ilusiones.
Finalmente llego el día en que se confirmó. Unos días antes de Navidad supimos que esperábamos un bebé. Fue difícil no gritarlo a los cuatro vientos y evitar arruinarle la sorpresa a la familia el 24 de diciembre, pero lo hicimos.
Y ya, unas semanas después, todo mundo lo sabía y nuestras sonrisas eran cada vez más amplias y brillantes; la ilusión se volvía fuerza y luz.
Una noche, camino al trabajo, un ebrio al volante de un automóvil se atravesó en el camino sin dejarme mucho tiempo para reaccionar.
Por fortuna logré que el impacto fuera lo menos violento posible, pero el shock fue superior a mi y caí en pánico, pensando que le pasaría algo a nuestro hijo. Por fortuna no pasó del susto y pensé, más que nunca, que este pequeño saldría adelante y no permitiría que nada, NUNCA, lo pusiera en riesgo otra vez.
Siempre he sido disciplinada para conseguir lo que realmente me propongo y esta vez no fue la excepción.
Cada cuidado era poco. Mucho reposo, dieta saludable, manejar mejor el estrés, tragar vitaminas y suplementos por receta como si fueran caramelos... Cada aprendizaje tenía un objetivo tan puro y, a la vez, tan poderoso, que el más duro sacrificio parecía nada.
Lo soñé varias veces ¿sabes? Estuve siempre convencida, contra viento y marea, de que mi hijo era niño. El primer nieto varón.
Cómo recuerdo la primera vez que mi esposo y yo vimos latir el corazón de nuestro hijo en el ultrasonido.
Hasta ese momento todavía no terminaba de asimilar que nos habíamos convertido en padres y guardas de otra persona.
Al ver esa imagen nos invadió una fuerza interna que jamás habíamos sentido antes; una luz enorme y cálida que parece cubrirnos de una omnipotencia indescriptible, sólo por el hecho de que ese nene esté ahí, en la realidad.
Buscar nombre no fue difícil, prácticamente estaba decidido de tiempo atrás en cualquiera de los dos casos.
Pero la vida no deja de mostrarnos lo frágiles e impotentes que somos ante fuerzas mayores e inexplicables.
Unos días apenas antes de cumplir el plazo fatal de los tres meses de mayor riesgo, los primeros del embarazo, empecé a sangrar.
¿Lo curioso? fue la noche de San Valentín ¿Cruel? tal vez, pero la naturaleza no sabe de fechas "conmemorativas".
Presas de una gran angustia llamamos al médico, que me prescribió reposo y algunos medicamentos para frenar una amenaza de aborto.
Llamar al trabajo para avisar fue un tormento. A pesar de todo, parece que en este país enfermarse es una afrenta al patrón, una manera de ser irresponsable y abusivo. Pero en estos casos, las opiniones ajenas van a donde terminan los deshechos corporales.
A la mañana siguiente nuestro médico nos esperaba en el IMSS, el purgatorio en la tierra, para revisarme.
No podía haber lugar más dantesco para saber que tu hijo dejó de vivir; que su corazón ya no late y verlo inerte en ese mismo aparato en el que presenciaste el milagro por primera vez.
Siempre me he sentido una mujer fuerte, lista para sobreponerme a cualquier adversidad, por muy dura que sea. He caído muchas veces y sin embargo, rota o agrietada, he logrado levantarme. Aún así, el golpe recibido ese 15 de febrero ha sido el más devastador de mis 36 años.
No acierto ni me atrevo a abundar en esa sensación para acercarme a describir lo que viví. Sólo sé que las lágrimas acudieron a mis ojos sin permiso para inundarlos hasta cegarme y los espasmos del llanto hicieron presa de mí por un instante que pareció eterno y, sin embargo, dolorosamente insuficiente para desahogar el dolor.
Sólo tú sabes lo que pasó entonces en mí. El vacío, un precipicio, no sé. Tristeza infinita, dolor, pérdida, luto, duelo, indefensión, DOLOR, enorme, punzante, inevitable, natural.
Pero eso no era lo peor. Ni la despedida a solas y sin verlo tampoco.
El proceso físico de sacarlo de mí, el hecho de sentir cómo otro médico introducía en mi vagina, con fuerza y algo de violencia, una pastilla para facilitar la extracción del cuerpo de MI HIJO de mi útero; el hecho de romper fuente en la cama de hospital, hasta el momento de yacer casi desnuda en una mesa de operaciones, con los brazos amarrados, las piernas abiertas ante desconocidos y enfermeras que hablaban de un catálogo de algún producto y los fáciles pagos que tendrían que hacer, mientras lloras a mares lo inevitable, la impotencia y la tristeza de la despedida. ES LA EXPERIENCIA MÁS TERRIBLE DE MI VIDA.
Los dolores físicos no son nada, las secuelas anímicas son profundas, traumatizantes en la misma medida de la ilusión que nos hacía tenerlo en brazos y no verlo cumplido.
Nunca fue un problema para mí entender que, si no llegó a nacer, fue porque algún problema tendría; que era mejor en ese momento y no descubrirlo sin vida una mañana, en su cunita. El hecho es que el dolor es inconmensurable, terrible y demoledor. Sé que pasará, pero en tanto, es terrible.
Ahora, mientras hago este exorcismo personal, llega de la calle la voz de una mujer, en una grabación, cantando el Ave María. Es lejano, tenue, pero es la segunda vez que lo oigo en apenas unos minutos y no sé de dónde viene, pero casi estoy segura que del cielo. Es raro, sin embargo que sea precisamente esa pieza y no algo del rock de moda o algo más, es raro.
Las mujeres estamos hechas de un material que desafía cualquiera existente. Ver a mi marido llorar me hace endurecer derepente y consolarlo. Dejar de lado un momento mis tribulaciones y acariciarle el rostro, mirándolo a los ojos para decirle que estoy bien. Y lo estoy, bien pero triste.
Sé que ésto pasará; que el tiempo, si no lo cura, lo pondrá en su justa dimensión.
Hasta entonces, sólo tristeza.
El tiempo que Dios nos lo prestó, nos hizo inmensamente felices.
Hasta pronto, Iker.

Díganos qué quieren...

sep 20


"¿Qué quieren de nosotros?", le preguntó directamente el principal periódico de Ciudad Juárez a los narcotraficantes, en un editorial publicado en la primera plana de su edición dominical.

"Ya no queremos más muertos. Ya no queremos más heridos ni tampoco más intimidaciones. Es imposible ejercer nuestra función en estas condiciones. Indíquenos, por tanto, qué esperan de nosotros como medio", afirma la columna de El Diario, firmada por La Redacción.

Me parece no solamente triste, sino alarmante que se tenga que llegar hasta el punto en que un diario pregunte qué debe o no publicar para preservar la vida de quienes ahí trabajan.

Para como están las cosas, no es de extrañar que reflejar la realidad del país sea, más que un ejercicio de libre expresión, un riesgo de perder la propia vida o la de un ser querido.

Bajo esta óptica resulta doblemente lacerante la cerrazón del gobierno federal y toda esa gavilla de cínicos, insensibles, ambiciosos, sordos e ineptos que son nuestros empleados, pero que se creen nuestros dueños y dueños del país.

La fiesta del 16 de septiembre en el Zócalo estuvo bonita y hasta emotiva en ocasiones (en otras incomprensible y hasta demasiado ostentosa...En fin, ese es otro tema), pero el pensar que con ese sentimiento patriotero desvían la atención del campo de batalla en el que se ha convertido el país, es de gente obtusa, por decir lo menos.

Los mexicanos estamos muriendo baleados, en medio del fuego cruzado de una lucha meramente territorial; de un pletio entre quienes intentan repartirse el país para su propio beneficio.


"La lucha vale la pena; esta lucha es por ti", se llena la boca diciendo el hombre que vive rodeado de grupos de élite que le cuidan la espalda las 24 horas del día, los siete días de la semana, igual que a su familia. Lo dice el hombre que tiene el poder y la oportunidad de tomar decisiones que no cuesten vidas inocentes.

"Ningún actor puede o podrá negociar con el crimen; con quienes matan y envenenan a los mexicanos", declaró el insulso ex subsecretario de Gobernación y ahora dizque flamante vocero del equipo de Seguridad Nacional, con respecto a la súplica del Diario de Juárez.

Y yo me pregunto lo mismo que esa plantilla de empleados que alguna vez gozaron su trabajo y no lo temieron o lo padecieron como ahora: "¿con qué calidad moral hacen tales declaraciones?, cuando evidentemente han sido incapaces de garantizar la seguridad de la población.

Transito entre el pesar, el dolor y la indignación por lo que pasa en mi país y al pensarlo, veo que no hay diferencia, todas esas sensaciones son lo mismo.

¡Bienvenidos al país en el que "no pasa nada"! pero donde el control demográfico está a cargo de dos pandillas de delincuentes: unos armados con pistolas y otros con palabras.

¿RESIGNISMO O RE-CINISMO?

jul 16







                                                        Les ganó el cinismo a los viejos, les ganó.
¿Será el cansancio propio del trayecto duro y el presente escrito? ¿Será acaso parte de la mentada "Ley de la vida"? No lo sé, el caso es que volteo a mis mayores en busca de consejo y apoyo y, más allá de notar apenas alguna efímera chispita de los carbones encendidos que eran sus ideales y las batallas de juventud, se encogen de hombros y me dicen, con la mirada vacía de sustancia: "Así son las cosas".
No hay alternativas, ni consejos, ni mañas, ni tips; sólo un "así es la vida" que cierra cualquier posibilidad de un verdadero cambio, de una evolución.
¿Será que debemos prescindir de ellos para estos menesteres y luchar solos, como Dios nos dé a entender, nuestras propias batallas? ¿Será que debemos restringirlos a los momentos de solaz, los chistes y el cotorreo para no toparnos con esa dura pared del cinismo y el otro "ismo", aún más espeluznante: "conforMISMO"?.

Me resisto a caer en los MISMOS "ISMOS". Me molesta profundamente y me duele más, que en este pais, que muy a mi pesar amo con locura, se siga interpretando la palabra HONESTO como sinónimo de IDIOTA.


NOTA: dice la Wiki del término "Cinismo" El uso moderno sugiere la definición de cinismo como la de una disposición a no creer en la sinceridad o bondad humana, ni en sus motivaciones y acciones, así como una tendencia a expresar esta actitud mediante la burla y el sarcasmo.